Valeria, aturdida por la escena que había presenciado entre Natalia y Guillermo, se dirigió rápidamente a la habitación de Laura. La confusión y el dolor la acompañaban mientras trataba de concentrarse en atender a su hija. Laura, aunque aún un poco débil, sonrió al verla, lo que le otorgó a Valeria un breve respiro en medio de la tormenta emocional que enfrentaba.
—¿Por qué estás triste, Valeria? —preguntó la pequeña, mientras disfrutaba de una de las galletas que ella le había traído.
—No es