Natalia
Me moví en la cama, era más grande y… Mi mano comenzó a palpar un cuerpo, era de hombre… estaba desnudo… ¡Ah no!, tiene bóxer… pero… ¡Está erecto! Lo apreté; deslicé toda la mano por ese largo falo. —Mi mente trajo todos los recuerdos de ayer. Guille llegó, me cargó, lo vomité, entramos los dos al baño, me lavó los dientes y… ¡Miércoles!
—¿Ya terminaste de inspeccionarlo? ¿Lo recuerdas?, porque no ha cambiado.
Esa bendita voz ronca y sentí un inmenso calor en mi cuello, rostro y cabeza.