— Tengo una idea mejor —intervino Lucía rápidamente, antes de que los niños lloraran—. Hay un parque enorme cerca de aquí. El Parque del Lago. Tiene botes, tiene césped gigante para correr y... ¡venden los mejores helados de la ciudad! Y ahí sí dejan entrar perros.
— ¡Helados! —gritó Mateo—. ¡Voto p