CAPÍTULO 123
Alina, sentada en una silla giratoria, limándose una uña rota, rompió el silencio.
— Si sigues mirando la puerta con esa intensidad, vas a derretir el vidrio, Lu.
— No estoy mirando la puerta —mintió Lucía, apartando la vista—. Estoy... pensando en la reestructuración de la farmacia.
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