CAPÍTULO 40
La oficina de Rodrigo De la Vega se convirtió en el búnker de la resistencia.
Roberto De la Vega, sentado en el sillón principal como si fuera un trono que se negaba a abdicar, miró fijamente a Fernando Castillo. El abogado estaba de pie, nervioso, ajustándose una corbata que parecía asfixiarlo. Rodrigo caminaba de un lado a otro, su actividad favorita últimamente.
— Fernando —dijo Roberto con voz grave—, necesitamos que la mantengas controlada. Eres el Director Legal, por ahora. To