Capítulo 162. Verdadero demente.
Fernando abría los ojos y veía el cielo nocturno de la ciudad eterna.
No sabía cuánto tiempo había pasado dormido y tampoco sabía en qué lugar de la ciudad se encontraba.
Sólo sabía que era una zanja de desagüe y que su camioneta no estaba por ningún lado. Alguien le había robado su vehículo, su teléfono, y la billetera.
Pero, sin duda lo peor de todo era ese horrible dolor de cabeza y sabor agrio en su boca hasta la garganta.
—Debo regresar a la mansión Lancer—, se dijo a sí mismo después de