72. Una promesa hecha sin ruido
Emma no respondió de inmediato. Miró la mano de James que sujetaba sus dedos: cálida, firme, sin vacilación. Hubo un tiempo en que palabras como esas la habrían hecho retroceder, buscar un espacio seguro, calcular los riesgos. Pero ahora, lo que Emma sentía era una quietud sincera.
—Nunca imaginé una celebración —dijo por fin, con voz suave—. Solo imaginé… volver a casa.
James sonrió.
—Eso es lo que yo también imaginé.
Ethan se movió con un pequeño quejido, como si percibiera la importancia del