Justo en el momento en el que nos detenemos frente a su casa, comienzo a sentir que mi visión se desvanece y, aunque ya no está acompañado del intenso dolor de cabeza; sé que está a punto de suceder.
―¡Tony! ¡Tony! ¿Qué te pasa?
Puedo escuchar los gritos de mi amigo, pero se oyen distantes. Sé que él también nota que algo extraño está pasándome. Puedo sentirlo en mi interior, no estoy solo; hay una presencia con nosotros.
―Estoy bien, Wil, pero no siento mis manos ―le digo aterrado mientras l