―Esta habitación brilla tanto como una tacita de cerámica.
Indica la Nana con entusiasmo. Esto debe ser obra de mi querida vecina.
―Hay una señora muy amable que vive al lado y que estuvo al pendiente de todo mientras estuve ausente ―le explico―. Supongo que se encargó de mantener limpia toda la casa. Te la presentaré luego; debo agradecerle por lo que hizo.
Me acerco a la cuna y acomodo a la pequeña que parece disfrutar de su nueva camita. Qué gran casualidad que todo esté decorado para una