―¡Anthony! ―la voz preocupada de mi amigo se escucha al final del corredor―. ¿Te pasa algo?
El dolor desaparece incomprensiblemente. Me recompongo de inmediato y me pongo de pie.
―No, todo está bien ―no doy más explicaciones―, espérame en el comedor Wilson, bajaré en un segundo.
Me mira preocupado. No quiere alejarse de mí después de haberme visto en tales circunstancias. La condescendencia es algo que detesto por encima de cualquier cosa.
―¿Estás seguro? ―insiste―. Puedo llamar al médico si