67. La Pequeña Sobrina del Millonario
Sin ganas de discutir más, aunado a que una disputa siempre la ganaba él, prefirió dedicarse a mirar por la ventanilla polarizada.
Llegando a Rosewood, Mariané sintió como sus pulmones trabajaron rápidamente, el corazón le latía desbocado, sabía lo que a continuación sucedería. Bajaría del Lamborghini y él se iría, no por unos cuantos años, sino en definitiva para no regresar jamás.
El auto se detuvo.
—Llegamos, cuídate mucho por favor.
No movió un solo músculo, paralizada de la cabeza a los pi