La voz de Lucy fue tan fuerte y segura que hizo eco en toda la casa. Había hablado lo suficientemente alto como para que Sawyer pudiese escucharla sin esfuerzo.
Todo lo que ella necesitaba era hacerle saber a él lo mucho que lo apreciaba, lo mucho que significaba que la estuviese ayudando con todo lo que tenía encima.
Para sorpresa de todos, la madre de Lucy estalló en aplausos y chillidos bajos alegres.
—¡Ay, Lucy! No tienes ni idea de lo feliz que eso me hace. Es bueno verte con alguien que sí te trata bien y se preocupa por ti.
Lucy le sonríe y se queda hablando con su madre unos minutos más, contándole todo con detalle, hasta que, finalmente, se acerca a Sawyer y a su papá.
—Lucy… ¿eres realmente tú? —le pregunta el padre ya mucho más calmado.
—Sí, papá, soy yo —una tierna sonrisa se le dibuja a ella en el rostro.
Su padre toma su rostro entre sus manos y las lágrimas comienzan a brotar de las comisuras de sus ojos.
—L… Lo sien…
—Shhh. NO tienes nada de qué preocuparte, papá, no t