Visita inesperada.
Ya habían pasado dos días desde que intenté escapar, las heridas aun estaban frescas y dolían como el mismísimo infierno, durante todo este tiempo no había salido de la habitación y Oliver no había vuelto a la mansión, o eso fue lo que me dijeron las chicas.
Ayer había venido un doctor a revisar mis heridas, me unto una pomada y me dió a tomar un relajante muscular, el cual me puso a dormir por un par de horas.
Las heridas profundas, las cuales fueron tres, el les cogió puntos y las demás, las