Ya había llegado el día, y haci cómo lo dijeron las chicas, la mansión estaba totalmente sola y se podía escuchar el zumbido de una mosca gracias al silencio.
Oliver no había vuelto todavía, o no que ella sepa, los señores Beker en la mañana le habían ordenado no hacer ruido y que se mantuviera en su habitación y desde ese momento no los había vuelto a ver o escuchar.
Se levantó de la cama y se acercó a la pequeña ventana en la esquina de su habitación, la cual está enrejada, se asomo por las p