Santiago se acercó a ella a paso lento, sin borrar en ningún momento esa sonrisa burlona que le adorna los labios.
Renne tembló en su interior, pero a pesar de eso levantó su barbilla y adoptó una posición que la hacía ver segura.
Miró disimuladamente a su alrededor, y solo pudo observar los hombres y carros de Santiago.
Estaba atrapada.
Y eso le aterraba.
Volvió su vista al frente, y observo a Santiago, el cual estaba a unos pocos pasos de ella.
—Pequeña Renne, pensabas que podrías escapar de