POV de JOSE
A mi puta esposa. No me importaba el documento que firmé con esa maldita pluma de oro. Ella era mía.
—Muévete un poco a la izquierda, Vargas —dijo uno de los soldados de Zayd, dándome un empujón con el hombro—. Bloqueas la vista de los sirvientes.
—Quítame las manos de encima si quieres conservar los dedos —siseé sin mirarlo, con los ojos clavados en las puertas dobles de cristal.
La música cambió. El ritmo de los tambores se volvió más lento, más denso. Y entonces la vi.
El aire se