POV de NINA
El eco de la furia de José todavía vibraba en las paredes de adobe del patio cuando otra voz —una voz mucho más ordenada y civilizada— comenzó a escucharse tras el gran portón de la fortaleza. No era el sonido de gritos ni disparos, sino el rugido de los motores de autos lujosos que se arrastraban sobre el terreno pedregoso, seguidos por el galope de caballos majestuosos.
José, cuyas manos aún estaban manchadas de sangre por golpear la columna de piedra, arrebató de inmediato su Ber