POV de NINA
El frío de la costa se había filtrado hasta mis huesos. Mis músculos dolían por el peso de las bolsas y por la tensión constante de fingir una normalidad que no existía. Después de acostar a Mateo, me quedé sentada en la cocina, mirando fijamente la pequeña estufa de leña, sintiéndome como un cristal a punto de romperse.
—Estás agotada, Nina —la voz de José llegó desde la penumbra. Estaba apoyado en el marco de la puerta, observándome con esa mirada que parecía leer mis pensamientos