POV de NINA
El mercado de Saint-Lunaire olía a sal, pescado fresco y a una vida cotidiana que se me antojaba extraña, casi dolorosa. Me ajusté la boina de lana y miré de reojo al hombre que caminaba a mi lado. José—o Marc, como repetía en mi mente para no cometer un error—parecía un hombre diferente. Llevaba un jersey de punto grueso y unos pantalones de loneta gastados; su barba, ahora más recortada, le daba un aire de pescador curtido por el Atlántico.
—Recuerda, Clara —susurró él, acercándos