POV de JOSE
Cada bache de aire, cada sutil balanceo del aparato sobre las nubes de Despeñaperros, se transformaba en un estilete de fuego que me atravesaba el pulmón derecho. Tenía la mandíbula tan apretada que sentía los músculos de la cara rígidos como el granito. El sudor febril me corría por las sienes, frío, pastoso, mezclándose con el olor a cuero viejo de mi cazadora y el yodo de las gasas que Nina me había plantado en su alcoba.
—Te estás vaciando otra vez, Jose —la voz de Bruno llegó p