La luz del sol se reflejaba en las ventanas del hospital mientras Nammi y Luc salían del edificio, al fin le habían dado el alta a la castaña y el empresario, sostenía con firmeza la mano de Nammi, como si temiera que pudiera desaparecer en cualquier momento, aun así caminaban con paso lento, disfrutando del aire fresco de la mañana y de la sensación de libertad que ofrecía el exterior después de tantos días dentro de cuatro paredes, aunque claro que el camino no fue largo, pues el coche negro