El olor a carne quemada me resultaba nauseabundo, al pasar esos cuerpos vi que algunos seguían vivos pero por unos segundos.
Eran tantos que no me atrevía a contarlos.
Los soldados troyanos vieron toda la escena de horror como una señal de esperanza para ellos, pero aunque yo estaba a su lado, no podía celebrarlo matando a tantos hombres a la vez.
Era muy cierto que estaba dispuesto a matar a Menelao en su lecho de enfermo, pero esto era completamente diferente, Menelao era un líder militar, un