El sol se había ocultado bajo el horizonte, proyectando largas sombras a través del denso bosque. Mi corazón latía con fuerza, como un tambor en mi pecho, mientras aguzaba el oído en busca de cualquier señal del regreso de Caleb.
Los niños, con su emoción apenas contenida, corrían entre los árboles, sus risas resonando en el bosque. Me encontraba al borde de nuestro territorio, con los ojos fijos en el camino que llevaba a casa.
—Mamá, ¿papá vendrá pronto? —preguntó la pequeña Nova, con sus oj