Tres meses habían pasado, tres meses desde que su esposa decidió abandonarlo. Desde que había marcado un punto final en aquel matrimonio que, aunque no inició de la mejor manera, había logrado encaminarse hacia una sana y agradable convivencia.
«No todo pudo ser mentira», pensó Adriel, recordando los besos de su esposa, el calor de su pequeño cuerpo debajo del suyo. Todas las veces en las que hicieron el amor, estaba seguro de que no eran únicamente sus cuerpos los participantes en aquellas fa