Un suave golpe en la puerta la sobresaltó.
Jade se levantó del sillón con lentitud, puesto que su barriga de embarazo ya se encontraba lo bastante abultada para ese trimestre.
—Un momento —dijo en tailandés, mientras daba cada paso como si el camino del sillón a la puerta se encontrara demasiado lejos.
Cuando finalmente la abrió, Nang, su amable casera, le entregó un sobre que provenía de Inglaterra.
«Vaya, mi madre no me dijo nada de esto», pensó Jade, sorprendida, por la inesperada corres