Cuando Jade salió de su habitación con su vestido blanco resplandeciente y su cabello cuidadosamente peinado, se encontró con sus tres hermanos mayores.
Arturo, Damián y Mateo, estaban de pie, alineados uno al lado del otro, sus cuerpos erguidos en una postura recta, con los hombros hacia atrás y el pecho ligeramente elevado.
Jade no pudo evitar sonreír, sintiendo una mezcla de tristeza y melancolía, invadirla con solo verlos.
Sus hermanos siempre habían bromeado con eso, con ser sus caballeros