¡Una niña!
Las lágrimas corrían por las mejillas de Natalia sin que pudiera creer lo que estaba escuchando.
¿Acaso había oído bien?
¿Estaba embarazada?
¿Pero era real?
¡Sí, era real!
Su esposo la abrazó, mientras le agradecía por la hermosa noticia.
—Sabía qué sucedería. Solamente era cuestión de tiempo —le decía, plenamente convencido. Al parecer, él nunca había dudado de que este sería el resultado tarde o temprano. Las esperanzas de su esposo se habían mantenido vigentes a pesar de los años.