Los días continuaron su curso, haciendo que las semanas se convirtieran en meses y que las fechas importantes estuvieran cada vez más cerca.
El llanto de un bebe resonó en la estancia.
Natalia lo tomó en sus brazos con delicadeza, mientras veía cómo sus pequeñas manitos aleteaban en busca de sosiego.
Era una criatura preciosa.
Y era el hijo de Diana.
No el suyo.
—Felicidades —dijo con la voz cargada de felicidad, pero al mismo tiempo terriblemente triste.
Los trillizos estaban a su lado, querie