En el exterior todo era un alboroto.
El sonido de las patrullas se escuchaba a la distancia, a pesar de que todavía no lograban verse con claridad.
Sentía mucho miedo.
Pero a la vez la determinación de luchar corría velozmente por sus venas.
Natalia divisó a sus hijos en un rincón, asustados y muy inquietos.
Empujo a Roberto lejos de ella y corrió hacia ellos.
—¿Qué haces? ¡No te separes de mí! —reclamó el hombre, mientras le hacía un gesto a Luisa para que se encargara de los pequeños.
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