Ana Paula no sabía con exactitud qué estaba haciendo en ese lugar. Se encontraba en una cafetería de la zona, esperando a su “cita”.
La verdad era que no se suponía que debería verse con Iván, no si su intención era ocultarle la existencia del bebé. Pero debía admitir que en el fondo tenía curiosidad, curiosidad con respecto a la personalidad del hombre que la había embarazado.
Hasta hace unos días este hombre no tenía ni siquiera un rostro claro, pero ahora lo conocía. Al menos físicamente. Si