—¿Roberto? —se sorprendió Natalia de encontrarse con el hombre en medio de la sala de la mansión Arison.
En ese justo instante iba de camino a la salida, puesto que ya casi era la hora de recoger a sus hijos en el colegio.
—¿Qué haces aquí? —no pudo evitar preguntar, ya que no le hallaba una explicación lógica a su desagradable presencia.
—He venido a ver a los niños —dijo él con simpleza.
—¿A esta hora? —frunció el ceño, mientras comprobaba la hora en su reloj de pulsera. Eran las dos de la ta