—No paso na…
Las palabras murieron en su boca, cuando la mano de Fabián se cerró en torno a su cuello, cortando bruscamente su suministro de aliento.
Natalia se sacudió en la cama luchando por encontrar un poco de oxígeno.
—Por favor… —suplicó con dificultad para que la soltara.
Los ojos del hombre se entrecerraron en su dirección, pero no mermo ni un poco su agarre.
Su mano era un grillete del que Natalia luchaba por liberarse con todas sus fuerzas.
—Dije que no me mientas —ladró furioso contra