El hombre comenzó a darle fuertes manotazos a la puerta, mientras exigía que la abriera de inmediato.
—Por favor, déjame tranquila —pidió Natalia desde el otro lado, sintiendo el retumbar de la madera en su espalda.
Porque sí había puesto el seguro y se había dejado caer en el piso de espalda a la puerta.
Sentía que no tenía fuerzas para soportar una discusión más. Solamente quería que la dejaran en paz.
—Abre de una maldita vez o la tumbaré —amenazó el hombre con voz de hierro.
La mujer se