Era más de medianoche para el momento en el que Natalia decidió levantarse de la cama y salir al exterior.
El frío nocturno removió sus cabellos castaños cuando puso un pie fuera de las puertas de la gran mansión.
Miró a su alrededor, el lujoso lugar, la fuente que se alzaba a lo lejos y el impresionante jardín que parecía seducirla para que lo recorriera a pesar de lo tarde que era. Había sido una noche tan agitada que no se resistió ante la tentación de perderse entre flores y matas exóticas.