El viaje de regreso a la mansión Buendía fue demasiado tenso para el matrimonio.
Ana Paula no dejaba de mirar por la ventanilla de su asiento, mientras sus manos se empuñaban fuertemente en la tela de su vestido. Tenía muchas preguntas por hacer y muchas cosas por gritar, pero se contenía a duras penas de no hacerlo. No podía hacer un espectáculo delante de su chofer ni de nadie en particular; era una dama, no una verdulera que lanzaba insultos de una manera vulgar.
La imagen de Natalia llegó a