Jade necesitaba un poco de alcohol luego de haber dicho tantas mentiras juntas.
—Gracias por tu ayuda —le dijo a Adriel, mientras intentaba alejarse para tomar caminos distintos.
La farsa había terminado, así que ahora se suponía que su buen amigo se iría a su casa y ella, pues, tenía una invitación pendiente a la cual asistir.
El asunto era bastante sencillo.
Con la diferencia de que en realidad no lo era.
O al menos su prometido no pensaba dejárselo nada fácil.
—¿Q-qué sucede? —preguntó