MEGAN
—Lo siento por él —se disculpó Jacob.
Estábamos sentados en una de las salas de descanso del personal, con dos vasos de café de poliestireno frente a nosotros. El hospital me había dado permisos temporales para ayudar tras el desastre.
—Está bien —dije—. Decirle a alguien que puede que nunca vuelva a ver igual… es mucho para asimilar.
—Es por nuestro padre —dijo Jacob.
Me confundí.
—¿Cómo así?
—Nuestro viejo... es el hombre más terco que puedas imaginar. Si algo no le sale como quiere,