CONNOR
Tan feliz como estaba de ver a la encantadora doctora Doyle, había ido allí para evaluar una posible inversión. Así que, por el resto del recorrido, me comporté.
—Este lugar es más grande de lo que parece —comenté cuando llegamos al segundo piso de la clínica.
—¿Verdad que sí? Nunca lo adivinarías por lo pequeño que es el personal.
—O por la cantidad de pacientes que hay. Solo había como diez esperando en la sala, ¿no?
Asintió.
—Sí. Hay otra sala de espera en el segundo piso, a la que