“¿Christian?”
“¿Mmm?”
“Te quedaste dormido.”
“Maldición.” Me froté la cara con ambas manos. “Perdón. Debería irme.”
Una manta había sido puesta sobre mí, y la habitación estaba envuelta en oscuridad—excepto por la luz del pasillo que se filtraba lo suficiente en el espacio para revelar a Genevieve de pie frente a mí. Llevaba una bata larga de seda, anudada prolija en su cintura.
“Honestamente preferiría que te quedaras. Pero…” Deshizo el nudo de su bata, dejando que se abriera lentamente. Sus d