Empezó con lluvia y un plato de pasta.
Nada romántico. Nada planeado. Solo un martes, diez días antes del final, y Ethan llegando a casa a las siete con esa mirada que últimamente lo acompañaba. Esa mirada para la que aún no tenía nombre. Menos segura que su expresión habitual. Un poco perdida, como un hombre que empieza a cuestionarse su propio rumbo.
Yo estaba en la sala con mi libro. Se detuvo en el umbral, todavía con el abrigo puesto, y me miró en el sofá como se mira algo que uno espera q