—¿Damián?
Alzó la mirada a Logan, que lo veía con una ceja levantada.
—¿Qué? —inquirió desganado.
Habían pasado dos semanas desde la partida de Ciabel. Pese a que el abogado también se encontraba afectado por ese hecho, fue el empresario el que se llevó la peor parte. Al menos, Logan podía organizar videollamadas con Ciro y ella.
—¿Me estás escuchando?
—No realmente —admitió.
La principal razón por la que Logan estaba en esa oficina a las cinco de la tarde en lugar de durmiendo su siesta diar