—Astrid, recuerda que tienes un contrato.
—Tranquila Mari, mi amo me dijo que podía divertirme hoy y que, si me acostaba con alguien, debía tener cuidado.
Abre los ojos de par en par, le he dicho que tengo una excelente relación con mi comprador y que, de hecho, es un hombre bastante flexible. Suspira de alivio y relaja los hombros dejándolos caer, me dice que tengo demasiada suerte y que se siente más tranquila sabiendo esto. No me gusta mentirle, pero es parte de toda esta parafernalia, ni e