Nino
Por la mañana, Manu ya no estaba en casa. Era consciente de que se había ido, pero aun así, me incorporé para buscarlo con la mirada, como si aún existiera una pequeña posibilidad de que todo hubiese sido una pesadilla. Pero no. Solo obtuve como respuesta un vacío que ya no me era habitual. Y, sin embargo, tampoco me era del todo desconocido. Porque antes de Manu, esa soledad ya me había visitado, pero ahora era distinta. Era más densa, más cruel.
¿Estaba realmente sola una vez más? Sí. Pe