Nino
Confieso que oírlo pedir que me mantuviera a su lado, se sintió como el equivalente a una propuesta de matrimonio, y no es que estuviera esperando con mi vestido de novia bajo el brazo. Claro que no. Tan solo sentí cierta necesidad de compromiso, no por obligación, sino que por cariño. Por esa comodidad que sentíamos el uno con el otro, y no necesité más para entender que la paciencia tendría que ser mi mayor compañera. Por fortuna, ni él ni yo teníamos prisa.
A paso lento, mis días junto