Mariano, al ver a Elena, sintió un repentino disgusto en lo más profundo de su ser. No pudo contener la ira que brotaba en su pecho y extendió la mano para agarrar el cuello de Elena directamente.
Elena, sorprendida, abrió los ojos con horror y con dificultad dijo:
—Mariano... ¿Qué te pasa?
Mariano empujó a Elena contra la pared del vestíbulo con firmeza. Sus dedos se apretaban cada vez más, llenos de furia.
—Elena, ¿qué hemos hecho Simona y yo para que te comportes así? ¿Por qué nos estás veng