Elena, con lágrimas brotando constantemente, dijo:
—Es mi culpa, abuela, puedes expulsarme de casa.
La anciana cerró los ojos con dolor, murmurando:
—¡Qué desgracia para nuestra familia! ¡Qué desgracia!
Mariano temblaba por completo.
—Puedes admitir tu error sin problema, pero ¿qué pasa con mi hijo? ¿Qué pasa con Simona?! ¿Alguna vez pensaste en que tendría que vivir con esa enfermedad para siempre? ¡Toda su vida siendo una botella de medicamentos! Elena, ¿con qué derecho te atreves a hacer e