Después de que Luciana y Nicolás se marcharon, la sonrisa en el rostro de Leo se fue desvaneciendo poco a poco.
Sus ojos reflejaban una profunda melancolía. Apretó los labios y se dirigió hacia las escaleras.
Sin embargo, lo que Leo no sabía era que Liliana ya se había despertado. De hecho, estaba de pie en lo alto de la escalera y había presenciado toda la escena.
Frunciendo el ceño, observó a Leo acercarse, con una mirada llena de emociones complejas.
— Leo —lo llamó Liliana.
Al oír su voz, Le