Liliana siguió gritando:
—¡No quiero nuevos amigos, solo quiero a Fabián! Sé que cuando se vaya, tendrá muchos amigos nuevos. ¡Con el tiempo se olvidará de mí!
Ximena se frotó las sienes con frustración. Alejandro, al ver esto, dejó los documentos que tenía en la mano y preguntó:
—¿Liliana sigue sin entender razones?
—Sí,— asintió Ximena. —No para de llorar, ya no sé cómo consolarla.
Alejandro se levantó y tomó el teléfono de Ximena. Al ponerlo en su oído, escuchó claramente el llanto de Lilia