Zacarías negó con la cabeza:
—Niña, puedo consentirte en todo, excepto en esto. No te ayudaré. Todos debemos aprender a separarnos, te lo dije desde el principio.
Liliana se secó las lágrimas, afligida:
—Pero...
—No hay peros,— dijo Zacarías. Aunque le dolía ver llorar a Liliana, sabía que no podía intervenir en ciertas cosas.
No le dio más explicaciones a Liliana, pues hay cosas que los niños deben experimentar por sí mismos.
La vida está llena de altibajos, frustraciones, tristezas y alegría