Una vez que encendieron el incienso y lo colocaron en su lugar, Liliana giró ligeramente la cabeza para mirar detrás de ella.
—Tía, ya puedes salir. Ahora mismo llamaré a tu hijo.
Mientras hablaba, Liliana sacó una campanilla para convocar almas y una linterna guía. La tía, al escuchar esto, se deslizó hasta Liliana, con lágrimas de sangre en los ojos.
—Niña, muchas gracias.
Liliana le ofreció una sonrisa tenue y le entregó la linterna a Alejandro.
—Papá, tú sostén esto y no dejes que se apag